El 7 de
junio de 1494, España y Portugal firmaron el Tratado de Tordesillas.
El Tratado garantizó a los portugueses que los
españoles no interferirían en su ruta del cabo de Buena Esperanza, y a los españoles,
que los portugueses no reclamarían nada en las recientemente descubiertas
Antillas.
Además, se
rectificaba a favor de Portugal la demarcación establecida en las bulas
pontificias de Alejandro VI (el papa Borgia), que habían otorgado toda América del Sur a España:
ahora la parte oriental –es decir, Brasil– quedaba adscrita a los lusos, lo que llevó al sometimiento a su soberanía tras arribar Pedro Álvares
Cabral a las costas brasileñas en el año 1500.
Aunque por Tratado de Tordesillas conocemos este
convenio de límites en el océano Atlántico, ese día se firmó otro acuerdo entre
las dos monarquías por el cual se delimitaron las pesquerías en el norte de
África.
Así, el
segundo tratado firmado el 7 de junio de 1494 en Tordesillas fijó una veda de
tres años a los españoles durante la cual no podían pescar en las aguas entre
el cabo Bojador y el Río de Oro (Sáhara), aunque sí podían asaltar la
costa musulmana adyacente. Además,
españoles y portugueses se repartieron sus zonas de influencia en el entonces
llamado Reino de Fez (Marruecos). Se puede decir que el
Tratado de Tordesillas fue el antecedente más antiguo conocido de las cumbres
políticas de reparto del mundo entre potencias, al estilo del Congreso de Viena
de 1815 o de la Conferencia De Yalta de 1945.
Lo insólito en este caso es que el mundo que se
repartía era en su mayor parte desconocido y estaba por descubrir. Asimismo, ha sido calificado como el primer tratado
moderno de la Historia europea, pues por primera vez hubo dos grupos de peritos
(españoles y portugueses) al lado de los diplomáticos que llevaban las
conversaciones, asesorándoles técnicamente
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